miércoles, 3 de mayo de 2017

#18 ABOUT... BORIS VIAN


Siempre me gustó el "género negro", el "noir" si prefieren que nos pongamos algo melindrosos (bonita palabra en lo sonoro para evitar "repelentes", que en significancias viene a ser lo mismo). De hecho, es mi género de ficción (o no-ficción) elegido desde ni me acuerdo, avezando siempre ello a cines y literaturas cualesquiera. La razón estriba, resumiendo mil resúmenes, en que me resulta el más creíble, el más certeramente imperfecto y, por extrapolación directa, el más claramente humano de todos. Más allá de sombreros, cigarros, femmes fatales  y gabardinas sospechosamente encapotadas (a la luz de una farola, de ser posible), queda el hecho que me cuesta menos aceptar a personajes canallas e hijoputescos que, por alguna razón de fatum -clara o no, que es lo de menos-, realizan un acto heroico o de bondad sobrevenida, que a los protagonistas de otras "obras" realizando apología de lo maravillosa y tremebunda que es nuestra "gloriosa especie"... Y esto sintetizando, amig@s, es la razón primordial por la que hay que lapidar sin miramientos a cualquier persona que les recomiende, con total impunidad, un musical con Julie Andrews de protagonista.


Luego, además, está el aderezo, claro: los malos muy malos y retorcidos, el misterio latente, la intriga a disponer o el retrato (sin más y como más descarnado mejor) de las miserias del alma... humana. Sobretodo eso. Pues, en efecto, se han realizado auténticas barbaridades de novelas y películas más "noirenses" que la misma noche, sin necesidad alguna de detectives valgan ni tramas a juego... Y sí, definitivamente, si alguna vez me suelto a terminar alguno de estos "proyectos de" con (injustificadas) ínfulas de futura novela, por ahí que irán los tiros inefablemente . Esto es así. Pero, ay, faltaría también esa querencia por el humor absurdo que tan necesaria me resulta. Y escribí "absurdo", no surrealista... esto, más allá del lugar que corresponde en la historia, no es sino una voz para que los tiralevitas de turno -independientemente del contexto- se sientan cómodos al señalar que disfrutan con algo que no pueden depositar en ninguna de sus queridas y aburridas carpetas del catálogo que rigen sus opiniones/apreciaciones con implacable mano férrea. Fíjense que, de forma casi invariable, cuando en un texto vemos repetida muchas veces la palabra "surrealista", lo pueden cambiar sin problemas excesivos por ese menos rimbombante pero más honesto (aunque  menos "guay", claro) "absurdo"... Esto lo sabía Groucho cuando hablaba/disgregaba directamente a cámara en los años 30 ("Qué estúpidas son si se piensan que me voy a casar con ellas..."), como también lo sabían los gamberrazos de los Python hace más de cuatro décadas desde su insuperable serial televisivo. Uno y otros, ni qué decir, mis indebatibles íconos de la comedia, por encima de cualquier otra consideración y para los restos. Y, también (ojo), si sigo pensando en esa "futura novela", tampoco podría dejar de rematar el asunto con algún intento (y bastante burdo, se adivina fácil) de barniz macabro, en honor a todas las bisoñas horas pretéritas con Poe y sus muchos discípulos (confesos o/y no)... O como Lynch a veces, claro (por su inimitable forma de generar inquietud desde lo muy premeditadamente abstracto). Sin trasuntos de géneros de pleno y tratando de evitar el intrusismo en la medida posible. Solo apuntes, y que después quien toque lo tilde de "brillante pasaje onírico" o de "puta mierda insufrible", que ese ya no será mi problema... Y, sí, todo esto está muy bien (o me lo resulta, vaya) llegada la hora de felicitarme al tener bastante claro cuales son las directrices entre las que me movería en las apuntadas ciernes (añadan una cierta obsesión por el "factor tiempo" y "ya lo tenemos todo")... La putada, claro, es que eso ya existió durante algunos años del pasado siglo. Y ese "eso" se llamó, con pseudonominales variaciones ocasionales, Boris Vian (1920-1959). 


El puto Boris Vian. El autor que, de convenir con todas esas parihuelas arriba descritas, nunca debiera dejarse de adorar jamás y por encima de ningún otro. Porque, dejando de lado la fascinación por su famosa condición multidisciplinar (escritor, dramaturgo, cantante, trompetista de jazz, cineasta...), o por ser el más brillante heredero directo de los designios patafísicos del siempre recordado  Alfred Jarry  (o el que más cómodo parece dando forma al trillado -y tronchante- concepto ideado por éste otro y anterior genio), dejo un mundo inmarchitable, en base a dichas premisas ya descritas, a través de sus diez novelas y sus dos libros de relatos... Recuerdo ahora cuando, poco antes de llegar a la veintena (ha llovido, si), le presté a un amigo estudiante de filología "Escupiré sobre vuestras tumbas" (o "Todos los muertos...", quizá) y como le epató a éste el que cambiara de tercera a primera persona en determinado momento de la narración... Y curioso o no, és precisamente este tipo de martingalas el que hace que éste hombre sea mi superhéroe particular desde hace un cuarto de siglo de paso en este noble arte del juntar letras... La forma... La forma... Siempre "la forma" de los cojones... Pues miren, para los "vianianos" de pro, la puta forma tan querida y cacareada por muchos no resulta sino a veces (y muchas además) el refugio del cobarde, el disfraz de la falta de imaginación o el mantra carcunda que repite, como el consabido loro, el profesor casposo a sus alumnos desde ni él mismo recuerda ya... No me resulta nada curioso que, con el transcurrir de los años, los gustos vayan variando y que cada vez más aprecie sin reservas a esas gentes que, con especial denuedo y devoción, se han procurado un auténtico y tangible "estilo propio"... Que crecerá o no, pero que (me) resulta siempre "propio" al fin. 


Desde ahí, solo queda recomendar hasta lo indecible dicha obra y de forma íntegra (miren en la wikipedia o donde quieran de ser menester). Y, aquí llegados, ya ni me molesto en realizar un "step by step" o una "guía razonable de lectura"... Den esa docena de libros, publicados en los años 40 -y cercanías- del pasado siglo, por recomendados (me reitero, si) desde este tan humilde espacio y sin más. Solo, de forma somera, señalar que no es verdad (y punto) el que "Que se mueran los feos" sea la más floja de sus cuatro "novelas negras" firmadas como Vernon Sullivan (es la más divertida y abiertamente cómica -aunque sin negociar un ápice la mala leche tan esperable-, eso sí); que algunos de los relatos breves sitos en "El lobo hombre" y "Las hormigas" superan incluso a dichos tótems de la narrativa del pasado siglo; que de conocer únicamente al autor por su popular "La espuma de los días", y se alcanzó con ella la consabida aquiesciencia (porque es de putísima madre, obvio), lo más similar vendría a ser posiblemente "La hierba roja"; que la primera y tan atropellada novela (que tardó la de dios en ser traducida en nuestras latitudes, por cierto) es en efecto el caos en páginas pero que,  igualmente, resulta un muy cachondo híbrido imposible entre "El Barón Munchaussen" y el "Grupo Salvaje" de Peckinpah con el señor Cortázar de árbitro; que dentro de las aún no mentadas está -en efecto- la muy celebrada "El otoño en Pekín", que es fetén (y puede, incluso, que de tener algo remotamente semejante  a un "libro de estilo" Vian, es aquí donde debieramos detenernos) pero que, particularmente, no la pondría muy por encima (y de hacerlo) de la menos aplaudida -y también cómica- "Vercoquin Y El Plancton"; y que, finalmente -y por mentarlo todo ni que sea de pasada-, la postrera de sus novelas en cronologías ("El arrancacorazones") es por un lado la menos "amable" llegada la hora de recomendar una primera lectura/acercamiento, pero que, de la misma forma, resulta el regalo, la recompensa final, para el seguidor que vive en eterna connivencia con el arte y locuras todas del escritor francés (salen bebés que vuelan y caballos crucificados... y así a palo seco, sin "parental advisories" ni leches, además). 

Y aquí lo aparco esto... No sin antes recordar a la parroquia más joven, eso sí, que de verdad no hace falta que en un iracundo impulso tiren por ventanas a sus queridos Bukowskis y beats (todos ellos) tras descubrir al autor que hoy nos ha ocupado... Que no ha mediado estafa alguna, en definitiva, sencillamente: "siempre hay alguien mejor". Sin más y tal cual. Particularmente, sigo buscando al/mi homónimo en ello para Boris Vian. Pasa, únicamente, que dicha búsqueda me va camino de las tres putas décadas ya... Y malditos sean todos los nenúfares, si.