miércoles, 3 de mayo de 2017

#18 ABOUT... BORIS VIAN


Siempre me gustó el "género negro", el "noir" si prefieren que nos pongamos algo melindrosos (bonita palabra en lo sonoro para evitar "repelentes", que en significancias viene a ser lo mismo). De hecho, es mi género de ficción (o no-ficción) elegido desde ni me acuerdo, avezando siempre ello a cines y literaturas cualesquiera. La razón estriba, resumiendo mil resúmenes, en que me resulta el más creíble, el más certeramente imperfecto y, por extrapolación directa, el más claramente humano de todos. Más allá de sombreros, cigarros, femmes fatales  y gabardinas sospechosamente encapotadas (a la luz de una farola, de ser posible), queda el hecho que me cuesta menos aceptar a personajes canallas e hijoputescos que, por alguna razón de fatum -clara o no, que es lo de menos-, realizan un acto heroico o de bondad sobrevenida, que a los protagonistas de otras "obras" realizando apología de lo maravillosa y tremebunda que es nuestra "gloriosa especie"... Y esto sintetizando, amig@s, es la razón primordial por la que hay que lapidar sin miramientos a cualquier persona que les recomiende, con total impunidad, un musical con Julie Andrews de protagonista.


Luego, además, está el aderezo, claro: los malos muy malos y retorcidos, el misterio latente, la intriga a disponer o el retrato (sin más y como más descarnado mejor) de las miserias del alma... humana. Sobretodo eso. Pues, en efecto, se han realizado auténticas barbaridades de novelas y películas más "noirenses" que la misma noche, sin necesidad alguna de detectives valgan ni tramas a juego... Y sí, definitivamente, si alguna vez me suelto a terminar alguno de estos "proyectos de" con (injustificadas) ínfulas de futura novela, por ahí que irán los tiros inefablemente . Esto es así. Pero, ay, faltaría también esa querencia por el humor absurdo que tan necesaria me resulta. Y escribí "absurdo", no surrealista... esto, más allá del lugar que corresponde en la historia, no es sino una voz para que los tiralevitas de turno -independientemente del contexto- se sientan cómodos al señalar que disfrutan con algo que no pueden depositar en ninguna de sus queridas y aburridas carpetas del catálogo que rigen sus opiniones/apreciaciones con implacable mano férrea. Fíjense que, de forma casi invariable, cuando en un texto vemos repetida muchas veces la palabra "surrealista", lo pueden cambiar sin problemas excesivos por ese menos rimbombante pero más honesto (aunque  menos "guay", claro) "absurdo"... Esto lo sabía Groucho cuando hablaba/disgregaba directamente a cámara en los años 30 ("Qué estúpidas son si se piensan que me voy a casar con ellas..."), como también lo sabían los gamberrazos de los Python hace más de cuatro décadas desde su insuperable serial televisivo. Uno y otros, ni qué decir, mis indebatibles íconos de la comedia, por encima de cualquier otra consideración y para los restos. Y, también (ojo), si sigo pensando en esa "futura novela", tampoco podría dejar de rematar el asunto con algún intento (y bastante burdo, se adivina fácil) de barniz macabro, en honor a todas las bisoñas horas pretéritas con Poe y sus muchos discípulos (confesos o/y no)... O como Lynch a veces, claro (por su inimitable forma de generar inquietud desde lo muy premeditadamente abstracto). Sin trasuntos de géneros de pleno y tratando de evitar el intrusismo en la medida posible. Solo apuntes, y que después quien toque lo tilde de "brillante pasaje onírico" o de "puta mierda insufrible", que ese ya no será mi problema... Y, sí, todo esto está muy bien (o me lo resulta, vaya) llegada la hora de felicitarme al tener bastante claro cuales son las directrices entre las que me movería en las apuntadas ciernes (añadan una cierta obsesión por el "factor tiempo" y "ya lo tenemos todo")... La putada, claro, es que eso ya existió durante algunos años del pasado siglo. Y ese "eso" se llamó, con pseudonominales variaciones ocasionales, Boris Vian (1920-1959). 


El puto Boris Vian. El autor que, de convenir con todas esas parihuelas arriba descritas, nunca debiera dejarse de adorar jamás y por encima de ningún otro. Porque, dejando de lado la fascinación por su famosa condición multidisciplinar (escritor, dramaturgo, cantante, trompetista de jazz, cineasta...), o por ser el más brillante heredero directo de los designios patafísicos del siempre recordado  Alfred Jarry  (o el que más cómodo parece dando forma al trillado -y tronchante- concepto ideado por éste otro y anterior genio), dejo un mundo inmarchitable, en base a dichas premisas ya descritas, a través de sus diez novelas y sus dos libros de relatos... Recuerdo ahora cuando, poco antes de llegar a la veintena (ha llovido, si), le presté a un amigo estudiante de filología "Escupiré sobre vuestras tumbas" (o "Todos los muertos...", quizá) y como le epató a éste el que cambiara de tercera a primera persona en determinado momento de la narración... Y curioso o no, és precisamente este tipo de martingalas el que hace que éste hombre sea mi superhéroe particular desde hace un cuarto de siglo de paso en este noble arte del juntar letras... La forma... La forma... Siempre "la forma" de los cojones... Pues miren, para los "vianianos" de pro, la puta forma tan querida y cacareada por muchos no resulta sino a veces (y muchas además) el refugio del cobarde, el disfraz de la falta de imaginación o el mantra carcunda que repite, como el consabido loro, el profesor casposo a sus alumnos desde ni él mismo recuerda ya... No me resulta nada curioso que, con el transcurrir de los años, los gustos vayan variando y que cada vez más aprecie sin reservas a esas gentes que, con especial denuedo y devoción, se han procurado un auténtico y tangible "estilo propio"... Que crecerá o no, pero que (me) resulta siempre "propio" al fin. 


Desde ahí, solo queda recomendar hasta lo indecible dicha obra y de forma íntegra (miren en la wikipedia o donde quieran de ser menester). Y, aquí llegados, ya ni me molesto en realizar un "step by step" o una "guía razonable de lectura"... Den esa docena de libros, publicados en los años 40 -y cercanías- del pasado siglo, por recomendados (me reitero, si) desde este tan humilde espacio y sin más. Solo, de forma somera, señalar que no es verdad (y punto) el que "Que se mueran los feos" sea la más floja de sus cuatro "novelas negras" firmadas como Vernon Sullivan (es la más divertida y abiertamente cómica -aunque sin negociar un ápice la mala leche tan esperable-, eso sí); que algunos de los relatos breves sitos en "El lobo hombre" y "Las hormigas" superan incluso a dichos tótems de la narrativa del pasado siglo; que de conocer únicamente al autor por su popular "La espuma de los días", y se alcanzó con ella la consabida aquiesciencia (porque es de putísima madre, obvio), lo más similar vendría a ser posiblemente "La hierba roja"; que la primera y tan atropellada novela (que tardó la de dios en ser traducida en nuestras latitudes, por cierto) es en efecto el caos en páginas pero que,  igualmente, resulta un muy cachondo híbrido imposible entre "El Barón Munchaussen" y el "Grupo Salvaje" de Peckinpah con el señor Cortázar de árbitro; que dentro de las aún no mentadas está -en efecto- la muy celebrada "El otoño en Pekín", que es fetén (y puede, incluso, que de tener algo remotamente semejante  a un "libro de estilo" Vian, es aquí donde debieramos detenernos) pero que, particularmente, no la pondría muy por encima (y de hacerlo) de la menos aplaudida -y también cómica- "Vercoquin Y El Plancton"; y que, finalmente -y por mentarlo todo ni que sea de pasada-, la postrera de sus novelas en cronologías ("El arrancacorazones") es por un lado la menos "amable" llegada la hora de recomendar una primera lectura/acercamiento, pero que, de la misma forma, resulta el regalo, la recompensa final, para el seguidor que vive en eterna connivencia con el arte y locuras todas del escritor francés (salen bebés que vuelan y caballos crucificados... y así a palo seco, sin "parental advisories" ni leches, además). 

Y aquí lo aparco esto... No sin antes recordar a la parroquia más joven, eso sí, que de verdad no hace falta que en un iracundo impulso tiren por ventanas a sus queridos Bukowskis y beats (todos ellos) tras descubrir al autor que hoy nos ha ocupado... Que no ha mediado estafa alguna, en definitiva, sencillamente: "siempre hay alguien mejor". Sin más y tal cual. Particularmente, sigo buscando al/mi homónimo en ello para Boris Vian. Pasa, únicamente, que dicha búsqueda me va camino de las tres putas décadas ya... Y malditos sean todos los nenúfares, si.


martes, 18 de abril de 2017

#17 ABOUT... THE KINKS ARE THE VILLAGE GREEN PRESERVATION SOCIETY

Uno de esos axiomas, terriblemente pomposo sin duda pero también altamente funcional las veces, a la hora de referirse alguien a tal o cual manifestación artística concreta, sería lo de: "hay obras que se hacen y obras que suceden"... Dicho ello, obviamente, con clara intención de enaltecer lo que toque ubicándolo a posteriori de la conjunción. Bien, pues hoy tocaría abarcar (intentarlo al menos) uno de lo momentos más necesaria y persistentemente plausibles de la historia rockera. Esto es así. Y lo és por muchas, en verdad demasiadas, razones. Cuando empecé este espacio paralelo al principal, donde trato de dar una idea general de lo que un artista o ente creativo me supone (para bien o mal) más allá de referencias concretas, ya tenía bien presente que con ciertas cosas el asunto iba a resultar completamente imposible... No media autoengaño. Ya hice la primera "excepción" con el "Marquee moon" de Television y, por supuesto, ya tenemos aquí la segunda con esta eterna sublimación del más exquisito pop que responde por "The Kinks are the Village Green preservation society" (The Kinks, 1968). 

Antes de seguir toca recomendar a aquellos realmente interesados que, para una mejor ingestión de datos fidedigna y perfectamente estructurada de como (cuándo y porqué) se fraguó el álbum, lo que pertoca sería hacerse con el libro de homónimo título -al disco- que firma Andy Miller para la colección 33 1/3, editada por Libros Crudos... O también, ponerse a navegar sin pacatería medie por algunos lugares granados del ciberespacio pues, no quepa duda, la retahíla de seguidores "kinkys" no se detiene ni mucho menos en lo meramente vasto (son legión -para ejemplo lo que sigue cuya elocuente cabecera es lo de blancos y botellas: La web de los KINKS/Todo sobre los Kinks en español-). Eso sí, el enfoque aquí es distinto... Se podría aparcar tranquilamente el todo con un tan ramplón como quirúrgicamente certero : "es uno de los mejores y más indispensables discos de la historia del rock", y punto (además, mejor o peor, ya realicé ese tipo de "texto estándar" tiempo ha, a costa de la milla verde las narices) . Sin embargo, y volviendo a la frase de inicio de este texto, pienso desde ya hace considerable tiempo que este trabajo es mucho más. Así, tal cual: "mucho más", llegada la hora de subrayar su prolongación e importancia en el tiempo. 


Antes de empezar a escuchar (y apreciar) a los Kinks "de verdad", con asiduidad, eran para mi poco más que los tipos de "You really got me", "Waterloo Sunset" o "Everybody's gonna be happy"... Y también los de "Lola" y "Victoria", si... Dos canciones que, lo suelto sin ambages, detesto (si alguien me lleva la lista de "pecados" aproveche ahora mismo para sumarlas a "Yesterday" o "Angie", cuyo sobreafectismo y cursilería respectivas me las hacen igualmente refractarias desde siempre y de forma inmediata). También estaba el hecho de que los fans de los Kinks que me había ido cruzando con los años iteraban en una actitud cansina y muy recurrente del "noo, yo no soy como vosotros, borregos fans de bitels y estons, yo soy de los Kinks que son mejores y no tenéis ni puta idea de nada" (a lo que uno por educación contestaba, siempre mentalmente: "yaa, pero es que eso sólo es verdad en tú cabeza y la de unos pocos más, que igual necesitáis reafirmaros de alguna manera absurda por algún tipo de trauma por carencia fálica o una niñez infeliz" -por ejemplo y etc.-)... Pero, ay y por no repetir lo del "axioma", un apotegma también firme y poderoso es lo de: "el tiempo todo lo cura"... Incluso la estulticia propia... Ni que sea parcialmente... A veces... Creo, vaya.


Los Kinks, en resumen y más allá del ridículo en que siempre se tropieza quien sea al señalar algo tan evidente, son parte de la realeza de la historia rockera al más alto e indebatible nivel. Una banda cuyos mayores logros deben archivarse, irremediable y directamente,  junto a los equivalentes de lo alcanzado por Beatles, Stones, Byrds, Velvets, Zeps y la madre que los parió a todos juntos... El único problema con la banda de los Davies es que, por su menor sobreexposición (con sana tendencia a la erradicación general ello, de un ya importante tiempo a ésta parte, conviene admitir), "se tuvo que ir a por ellos". Se tuvo que buscarlos, encontrarlos y aprender a quererlos. Pues no queda otra tras asimilar como procede una de las secuencias de discos más definitiva y rica en la leyenda del medio: los Kinks de "el Face" a "Muswell Hillbillies" (esto último una de las disgregaciones, o cambio de tercio, más nutritivas y putámicas jamás realizada por una de las bandas de las realmente grandes y totémicas de verdad, dicho sea de paso), dejando a los deep fans peleándose por el qué se debe sumar -o no- a esa inmortal media docena de incunables. Y, ricemos rizos, todo ello se multiplica hacia infinitos al concretar, ya y de una maldita vez, con el "Village green" de las narices. 


"Village green , el disco que sucedió" (vuelta a la carga, si)... Que ya le regalo el título al erudito kinky que se anime a escribir el/otro libro. Un disco cuyas bondades (y particularidades) se pueden abarcar desde tantos ángulos -y matices- que el tema marea hasta la inevitable caída sobre posaderas propias ulterior... Pero intentémoslo igualmente, claro qué sí (ni que sea de forma parcial)... Tenemos, ya de entrada, la mitología indeleble al trabajo tan famoso por su contenido como por las puntuales circunstancias que lo alumbran (puro "efecto Exile", si): conceptuado, por premisa base,  con visos a un probable trabajo posterior de un Ray Davies en solitario tras quedar del todo prendado éste por la apacible vida y costumbres rurales (y tras el bolo de turno de un tiempo atrás, por alguna geografía concreta de sus tierras)... De dicha y mentada premisa se dispara todo, como un camino a la fatalidad, que a la postre será la mayor gloria, sin remisión posible:  la poca repercusión de algún single concreto, el irse quedando atrás de cara al gran público -ya de forma manifiesta- en relación a sus más granados compinches de tiempos y lugares, la urgencia por sacar "material nuevo" cuánto antes... No le quedó otra, resumamos, a Ray que sacar a su niña dormida del cofre de cristal y arrojar el concepto -y canciones- que tenía guardado para su proyecto/solaz personal futuro... Sumemos ahora la batalla porque fuera doble (no le dejaron -"hijos de puta", añadiría aquí aún desde la humildad y tal-), la ausencia de "Days" o la desconfianza, más o menos, general por parte de la discográfica (más cuando el autor estuvo trasteando con la secuencia de tracks casi hasta el minuto antes de empezarse a editar el álbum -cosa que se podrían haber ahorrado si le hubieran dejado que fuera doble como él lo tenía pensado... "hijos de puta -bis-", vaya-). 


Tras todo ello, se esconde además, el factor "disco sostenido por la prensa/crítica especializada en la historia" (parte significante de ella al menos). Lo que hermana a "la Milla Verde" con "bananas", "marquee moons", el estreno de la banda de los Modernos Amantes de Mr. Richman o, también, el totémico estreno de la Big Star (considerable etc)... "El fracaso más exitoso de la Historia del Rock", diría jocoso Ray mucho después y viendo su status con el pasar del tiempo, en hiriente contrapunto a  lo muy doblada que se la comió el disco en su edición original... Que además no fue apollado a nivel de sencillos a sustraer como debiera (les ahorro ya lo de mentar a la madre de nadie, ok). Y es que la falta de perspectiva (la de entonces, lógico) lo és todo para entender el drama del asunto... Se tenía que hacer "ruido" o, cuánto menos, se tenían que lograr soundtracks para viajes en túnica y coronas de flores... ¿Y qué hace el cabrón de Ray Davies entonces?. Pues el disco de pop nostálgico definitivo de la Historia del pop-rock. Cuando todo el mundo quería fliparlo mirando al cielo o saltar en el pogo de lo "cañero", va el tío y agarra los árboles de la english campiña por sus mismas raices y estira para abajo con todas las fuerza habidas. Pero qué herejia... Teteras, recuerdos infantiles , puestas de sol  y visillos de encaje a éstas alturas... No importó (y durante demasiado tiempo) la variedad de palos que contenía el disco, lo orgánico hasta lo tangible de su propuesta, el que encerrara un "concepto" (¿y no sería bonito que saliera alguna vez algún peso pesado del brit-prog añejo recordándolo al nivel del Sgt. Pepper como fuente de influencia?) más allá de la mera colección de canciones alegremente dispensada rendidas a un "sonido tipo", o -también, y por ejemplo de muchísimos posibles- que mientras en la década siguiente se aplaudieron las extravagancias varias de Mercury en cosas del tipo "seaside rendevouz" no se reivindicara nunca aquella  "sitting..." aquí aparecida y de donde la Reina bebió descaradamente... Muchas demasiadas cosas, siempre  prestas al ninguneo, a obviar, al dar de menos algo sobre lo que, a la postre (recordemos lo del "apotegma"), no cabía rival posible, dada su condición de "único". El tiempo ha puesto, no cabía otra, ésta maravilla en su lugar. "Village green" es tan bueno como el mejor disco de los Beatles o Stones (o puede serlo, sin problema y en el peor de los casos), mejor que cualquiera de todos los otros próceres de la british invasion, mejor (al menos para mi) que cualquiera de los Beach Boys...Lo qué de la maldita gana. 


Y todo ello partiendo del "accidente". De lo que no ocurrió como estaba planeado de inicio (puro screenplay de "Casablanca", si). Y, una vez más, el regalo más memorable es el que no se espera. El que más se cuida y se quiere (y aunque se haya tardado más en hacerlo que con otros... o precisamente por ello). Todo porque Ray tuvo, además, buen cuidado de mantener un tono amable y cordial, alejándose de su tiranía habitual (famosa perse sin requerir de interview alguna a su brother), durante la grabación de aquellos temas. Abrazando lo bucólico a todos los niveles, para que contenido y continente casaran sin mácula posible a encaber. Sin  interferencias de mierdas externas que valgan se crucen, en síntesis. Y puede que a alguien resulte exagerado todo esto por supuesto, se admite, pero también puede que los Davies y cia hicieran el disco de pop británico por excelencia y  por siempre jamás. Incluso puede que de cualquier parte, en verdad... Porque ha sido una -MUY- trabajada victoria, sin duda. Pero aplastante al fin y Sherlock, de una vez por todas, no ganó sólo a Moriarty, Fu Manchú y Drácula, sino a la más peligrosa y siempre perenne estupidez innata de la tan desagradecida especie. Aquí lo dejamos, no tengo porque dar más explicaciones, que ya tengo el carné de la Milla Verde hace bastante  tiempo, yo... Y, ya puestos y para terminar, si no lo véis así -todo esto que he puesto- es que "no tenéis ni puta idea de nada".



lunes, 13 de marzo de 2017

#16. ABOUT... THE AFGHAN WHIGS

Cuando alguien -o una banda de rock para el caso- logra abarcar en un solo y conciso discurso tantas y tantas cosas del agrado de alguien, que vendría a ser quien suscribe -y seguimos en el mismo caso-, como lo que hoy nos ocupa el triunfo, más que estar meramente asegurado, es que, directamente, se torna en toda la baraja entera. Y es que, y aunque en seguida empezamos la verbena, los Afghan Whigs son (para resumir y básicamente) de reputísima madre. Tal cual.

Hagamos glosario: 

- AW tienen influencias evidentes, sobretodo en los primeros pasos de sus tres décadas de singladura ya cumplidas, de dos de mis formaciones preferidas de cualquier época como son los Mats (The Replacements para los herejes) y Hüsker Dü, integrando el arrojo y rabia de los primeros y la distorsión melódica sobreamplificada de los segundos. 

- AW acabarían por desarrollar, con los años, un estilo propio y perfectamente ubicable de primeras que le otorgan ese plus de "sonido realmente único" que nos lleva inefablemente de huertos llegada la  hora de repartir simpatías y antipatías por doquier. Lo que además (ojo) logra a posteriori que, como ocurre con Sonic Youth o Faith no More (a modo ejemplos rápidos), para aquellos que claudicamos la cosa nos alcance cotas de puro "intocables que te mato sin juicio previo si me los tocas". Avisados quedan.

- AW es la banda que incluye guiños al género noir mediante sus letras, fotografías, portadas y motivos cualesquiera habituales. Potenciado ello (y pasando de largo por lo de que es dicho género, y sin comparación posible, mi género elegido desde siempre, tanto para el cine como la para la novela) por la formación en el mundo del cine y la fotografía de sus únicos dos miembros inamovibles -Dulli y Curley, y respectivamente- desde la alineación original.


- AW, sigamos, es la única banda que logra un éxito pleno e indebatible a la hora de fundir dos conceptos tan, presuntamente, distintos como la elegancia soul y el noise garagero más sangrante. Su influencia, además, en formaciones inmediatamente ulteriores como Zen Guerrila o los Bellrays (que en un mundo con mayores o más elevadas miras en el ponderar/exigir hubieran dominado el cotarro en la bisagra neomilenaria en vez de las baraturas fast-food de Stripes, Strokes, Ferdinandos y la madre que los parió a todos -esos y similares-), resulta harto obvia.

- AW, cuyo momento de máximo reconocimiento crítico coincide en plena eclosión grunge a nivel mundial y aún a pesar de ser como Nirvana una banda de la chapa Sub Pop, deciden de forma asertiva y rotunda desmarcarse de toda aquella jerigonza en pos de seguir buscando y matizando lo que a la postre será su estilo propio, tan celebrado y ya arriba mencionado. Mucho es lo que deben a dicha discográfica, ojo nadie se confunda... Desde ser incluidos en aquel famoso disco promocional con su "Retarded" que les pusiera "en el mapa" hace más de un cuarto siglo, hasta el ocuparse de su todavía relativamente reciente (-2014-) "resurreción" actual. 

- AW tienen exactamente la cantidad de "cero" discos malos, entre sus siete estudios presentados hasta fecha presente... Que serán ocho a partir de la primera semana de mayo, con la edición de éste "In spades" cuyo adelanto ("Demon in profile" y ya puestos) es un puñetero escándalo de tema y que ya se espera como agua de... Pues eso, vaya.


... Y "etcéteras varios" que no acabamos, en efecto.  Si treinta años pasaron ya desde la formación, veinte lo hicieron igualmente desde su aparición en el film "Beautiful girls" de Ted Demme, momento en que "el gran público" les puso cara. Pero, al hacer hoy el recuento global, resulta muy complicado no caer rendido ante la evolución y constante crecimiento del combo hasta su disolución del 2001. Y es que en aquellos 90's Greg Dulli (compositor, productor, cantante, guitarra rítmica y front man único y absoluto de la aventura), perfectamente arropado por Rick McCollum como guitarra principal y John Curley al bajo, iba a acabar por destilar uno de los sonidos más oscuramente magnéticos que cualquier amante del rock pasional y con músculo pudiera soñar. Sin efectismo baratos. Directo a la yugular... La clase del night club con el aceite del sótano revueltos en una madeja de imposible desbrozar y un hostiazo -sónico- en los bafles de los de agarrarse uno adonde se pueda. Eso son, en su cima, los Afghan Whigs en definitiva. Y me encantan el primer par de álbumes, me repito y como todo fan de las bandas en el epígrafe que tocó y otras de similar pelaje (empezando por mi favorita ever, Dinosaur Jr, ni qué decir), pero partir de ahí y terminar en algo como la B side de su "1965", describe una de las curvas de aprendizaje más resueltas y putámicas en el rock del último trío de decenios, de todas ídem  y a qué más. Porque veamos...

1) Big Top Halloween (1988). Primera andanada, con un Dulli muy en clave Westerberg y una suciedad de las de "fuzzeo" sin escafandra que todavía se sobrepone de forma poderosa u ominosa, según se escuche, a los matices soul que nutrirán su discurso futuro. A medio camino de sus compañeros de promoción (88') "Bug" de los Dino y "Invisible Lantern" de los también ilustres Screaming Trees (de su buen colega Lanegan), se sitúa este estreno de los que destacaré por siempre el tema homónimo y, especialmente, la tremendosa  "Sammy".


2) Up in It (1990). Con el que fichan para la emergente Sub Pop, giran con Mudhoney y, por supuesto, su sonido en estudio y fuera de él gana, o confirma en propiedad,  el engaste y pegada que tanto se advinaban desde el anterior. Y desde aquí ya no mirarán  atrás, está claro. "Retarded" les da el trampolín necesario y lechazos  como  "Hated" (mi elegidísima del lote) hacen el resto pero, ay, quizá faltaba algo por acabar de cuajar del todo el guiso... 


3) Congregation (1992). Su cruce de Rubicón particular, su hazaña más cojonástica (por lo que deriva) y el motivo por lo que se les debe respeto por siempre, sin puñetillas ni cortapisas medien. Cualquiera de los tres siguientes le vencerá a los puntos (en recuentos particulares al menos y cierto ello), pero aquí se empieza a hablar de "ecos de la Stax" (y/o similares)  en ciertas derivas de su sonido con lo que la banda (AHORA SI) conecta ya del todo con su reconocible "sonido tipo" al incorporar, ya de pleno, los matices soul que tanto y tanto les diferencia de toda la camada grunge. De tener que mentar una...: "Conjure me" que me mata dos veces, si,  pero (nadie se engañe) todo el disco es la leche aunque, claro, palidezca un tanto ante la burrada que seguirá, y... ¿cómo narices no hacerlo?, por otro lado.


4) Gentlemen (1993). Y tan bien salió "el invento" que de seguidilla se marcarían su valorado EP de versiones "Uptown Avondale" (con coverazas de las Supremes y el mismísimo Al Green)... Pero es que ni por esas se vió venir a estos cojonásticos "Gentlemen". Que era como el que precede de burro pero, claro, "con temones". Firman con una "major" y se desatan, ya del todo, con uno de los mejores y más nutritivos discos de su década. Sin más ni menos. El tema titular, "Debonair", "Be sweet", "Now you know" y, por supuestísimo, la excelsa "What jail is like" (mi segunda pieza histórico-afghana forever) les granjean todas las dichas y parabienes de crítica, rematando la faena a posteriori (y a niveles ya de "popularidad global") con su antes mencionada aparición en el film con la Thurman y cia de 1996. Desde ahí, ni qué decir, ni el cielo parecía límite pero, ay caray, Dulli tenía/tiene un problema fatal para con su aceptación total y ya a todos los niveles con esto de la industria: personalidad.  


5) Black Love (1996). Aquí es donde, rechazando la tentación de fabricar un "Gentlemen 2", Dulli (ya líder hasta a niveles de producción desde hace un par de discos, por cierto) expresa su querencia de siempre tan marcada por el cine y la novela negro/a y con ello, por supuesto, se da un sopapo comercial importante mientras, de paso, firma una de las obras rockeras más inmersivas se puedan recordar en el último cuarto de siglo (y ello como poco, al tanto)... La temática de las distintas pistas, el propio libreto interior, el sonido que es ya una nube eléctrica de polución tóxica asolando los bajos fondos (directamente)... Justo en la obra más personal y valiente es donde todo cristo parece darle/s la espalda, si. El problema, y la contrariedad que no paradoja, es que estamos (en efecto) ante un disco acojonante en todos los frentes. Llegado el momento de conquistar el planeta, esta gente acomete la temeridad de hacer su "disco para deep fans" absoluto. Y bravo siempre por ello, ni qué decir...  Oh, ya puestos, ¿expliqué que aquí está además mi tema favorito del combo ("Honky's ladder")?.


6) 1965 (1998). O el disco que hay que recomendar a cualquier persona que quiera introducirse lo más rápido posible en el universo de ésta formación. Su paso de Elektra a Columbia no es sino lo más parecido a un "best of" sin serlo que nunca hayan realizado. La destilación perfecta de "Congregation" y "Gentlemen", sin bajarse del burro con los motivos oscuros del anterior para la parte final del álbum. Complicado sino imposible quedarse con una... Quizá "slide song", regada como está de esa épica tan marcadamente de menos a más que tan bien saben cuadrar los canallas.


7) Do to the Beast (2014). Y volvieron a la carga, claro qué sí... O volvió mejor dicho, porque excepto las infalibles cuatro cuerdas de Curley, ya nada queda del combo original para acompañar a Dulli. Al igual que otros superhéroes del indie rock (cuando ello era algo significante y no una sección del fnac) como Dinosaur Jr y Pixies, volvían los Whigs tras largos años de ausencia y tras algún buen resultado -quizá inesperado- para la chirigota veraniega de reunión de turno... Desde ahí, sin alcanzar lo inalcanzable de los de Mascis desde "Beyond" y  en adelante pero muy por encima de lo ofertado por los duendes bostonianos tras su resurgir y hasta hoy (y por seguir con los ejemplos), "Do to the beast" adolecía de la ausencia de la añorada guitarra de McCollum por un lado, pero (al tanto) presentaba un ramillete de canciones a considerar muy seriamente. Mucho más allá, en cualquier caso, de lo del "caprichoso disco de vuelta", que nos quedó y queda ello. Y es que, aunque no estemos ante uno de sus mejores tres discos (puede que ni cinco) conviene  recordar que estos no bajan del notable NUNCA y que, igualmente, estamos ante el disco de algo tan descomunal como "lost in the woods"... Cuidadín.


8) In Spades (2017). Repetimos, hasta primeros de mayo nada, pero iteramos igualmente: el adelanto por de pronto es la leche. Aunque... ¿y cuándo narices hicieron estos/éste algo malo?, claro.


Y con ello que se despide el asunto, cómo no:

jueves, 2 de febrero de 2017

#15. ABOUT... WES ANDERSON

Pues con la tontería se cumplieron el pasado año las dos décadas del "estreno de largo" de Mr. Anderson como cineasta. Ocho largometrajes y una colección de cortos y colaboraciones varias después, creo que ya puedo afirmar firmemente, sin mucho miedo y/o rubor, que estamos con este tipo ante mi realizador favorito de los surgidos en dicho periplo de tiempo. Y muy claramente, además, qué narices. Con toda su ligereza, hasta candidez desmedida a veces, Wes ha acabado por procuparse un estilo, y una capacidad narrativa, propia e inmediatamente ubicable a poco asome nadie por cualquiera de sus films. Lejos de los efectismos "palomiteros" de los Shyamalan, Boyle o Nolan (etc) que desde ya hace algún tiempo imperan, el tejano ha terminado por alzarse en la consabida isla en la tormenta, y superando por el camino (y por pura y dura constancia) las meritorias obras puntuales que algunos reseñables coetáneos suyos como los, a modo ejemplo rápido, Mendes o Payne hayan -y han- podido ofrecernos... Otra cosa es que Yimou se desayune bien un par de días y te plante cualquier barbaridad en los morros, cargándose cualquier estúpido ranking se le cruce en el camino... Pero ese estaba  de antes y es desviarse del tema, si. 

(Wes flipándolo underwater with Steve Zissou)

El colega de farras e inquitudes de los hmnos. Wilson me -como dirían beyond del charco- "campeona" desde las directrices apuntadas por, y para resumir, generar en su obra esa virtud estética que comentaba arriba, sabiéndola aplicar a una narrativa on screen que, siempre o casi, me resulta inefablemente interesante. Magnética incluso en sus lances más logrados. Inconfundible (hasta casi ya el autohomenaje a estas alturas) en lo visual, con un denuedo y cariño que transpira más allá de la pantalla por la música (original o no) que nos sirve en todos sus films, esa facilidad intachable en la construcción de personajes carismáticos innegable (mediante, está claro, a la fidelidad de unos intérpretes determinados más, importante esto, ese conseguir "hacer suyos" sin remisión y de forma natural a los que se van incorporando) y rematando, obvio, por un gusto muy particular por esta narrativa sincopada que pasa de la deleitación por la belleza de lo meramente contemplativo a un correcalles desmedido, o un ardid cómico completamente inesperado, para el minuto siguiente... Por todo ello, digo y sigo, Wes Anderson me merece desde ya (y a pesar de toda la tralla que aún se le presume a sus cuarenta y siete primaveras) un figurar, cuánto menos, en los libros de la historia del medio. Tal cual. 

(Puestos a tener actores fetiche, tampoco es mala elección)

Además de todo ello, donde debiera quedar claro que Wes es -qué duda cabe- un "esteta" sin remisión, si, pero (primordial !) "con contenido" para la ocasión (nada que ver con las Sofias y Solondz de turno), y que sobrevuela a una altura inmedible por encima de todas esas bagatelas de "Junos" y "Miss Sunshines", tan mega "cool" e insufribles para quien suscribe (quien no vea la diferencia entre esas chorradas y cosas como "Entre copas", "American beauty" o incluso "Cómo ser John Malkovich", que vuelva a la casilla "Porkys", por favor), tenemos el hecho de que éste realizador ha logrado una cosa muy difícil en este medio (por la humildad y honestidad se requiere) en su todavía lozana singladura: "autocorregirse". Ahí donde, en cronologías, los Coen la cagan (hasta que lo contrario demuestren y, la verdad, poca sino ninguna esperanza queda ya), Wes ha conseguido regenerarnos a muchos la alegría y buena salud de sus primeros films... Y no creo, no pinta al menos, sea fácil ello. Fíjemonos en los Coen, ni que sea por seguir con el ejemplo dispuesto... Hoy venidos a menos y siendo criticados con vehemencia (y seguramente con toda la razón para mayor inri) por sus últimas obras, este par (para no pocos, al menos) realizaron siete films seguidos de una tacada (los siete primeros y/o  hasta el Nota, vaya) que a muchos nos siguen resultando algo de pura y dura veneración hasta los restos. Desde ahí, y siendo uno "coeniano" además, solo cabe rendirse a lo evidente de que únicamente  en "El hombre que nunca estuvo allí" y quizá, -siendo extra-benevolente-, en su famosa y oscarizada recreación de Cormac McCarthy, se acercarán de nuevo Joel & Ethan a sus mejores y mayores logros remotos... Los que somos (o hemos sido) muy fans podemos tener siempre la mayor de las mejores intenciones llegada la hora de ponderar la nueva referencia que toque pero, aún desde esa tan subjetiva perspectiva, comparar sus dos últimos films, mismamente, con cosas del tipo "Muerte entre las Flores" o "Barton Fink" (o incluso "Rising Arizona", qué cojones), es algo que duele en el alma. Esto es así.... y sígamos en siguiente párrafo, con su permiso.

(Cuando los monstruos se disfrazan de intérpretes pasan cosas de estas, si)

No es algo nuevo ello, faltaría, ese "decaer en calidades" de forma estrepitosa e incluso hijoputesca (a colación de las expectativas a la postre erradas de quien toque) en  "opuses" varios ... Y solo el tiempo, cómo no, nos demostrará si responde ello a un pozo que ya se secó, o por contra, a una (o más de una) piedra puntual en el camino producto de la autocomplacencia. Y curiosa la constante que este último concepto nos trae a veces... Lo hemos visto tantas veces...Pareciera que no hay nada peor para un cineasta, incluso uno de mucho talento, que la lisonja general, el parabien externo desmedido... Ahí, por esa misma razón se puede sospechar sin mucho ambage, tuvimos al Trier puntualmente perdido para la causa en la chirigota "gafapastera" y sin sentido de aquello del "dogma" tras una retahíla de films tremenda, o por ejemplo también, al Jarmusch de esas "Flores rotas" que a tantos entusiasma pero, desde la humildad y tal, me resulta algo directamente impresentable y hueco de emoción alguna viniendo de alguien que se ha marcado maravillas como "Dead man", "Down by law" o "Night on earth"... En el caso de Wes, dicha "autocomplacencia", llegó con su cuarto film: "Life aquatic". Pero por partes, mejor. Tras un primer film divertido pero obviamente no exento de carencias (tenemos en "Bottle Rocket" una autoparodia de Caan magnífica y se apuntan muchos de los rasgos futuros pero, en efecto, hay ciertos sobreafectismos dramáticos que no pegan en algo tan liviano... las "ganas de demostrar" desatada del primerizo, cabe adivinarse aquí -o su "Rising Arizona", a la que no le llega al ombligo ya puestos, particular si prefieren-), un segundo donde la mejora es total que no meramente palpable ("Rushmore Academy" es la leche de divertida y Murray se sale por todos lados, qué duda cabe, en éste su primer film de auténtica enjundia) y un tercero, finalmente, donde ya se empieza a asomar el concepto "masterpiece" desde algunos voceros de "la especializada"  (ya puestos, "The Royal Tenenbaums", aprovecho, es mi película favorita suya junto a la todavía hoy última estrenada -suerte de "cuarto mandamiento" rociada con comedia urbana del mejor Allen y un poco de "absurdo" putámico a modo aderezo final-), tras todo ello (insisto), alguien le empezó a calentar la cabeza a Wes con lo "genial" que era o, tranquilamente, él mismo se vino arriba a lo bestia tras la ingente colección de críticas positivas acumuladas y atenciones por doquier recibidas. Resultado: su primer paso atrás. Cómo no.

(Volviendo a la mejor senda, al fin)

Y, atención, que  "Life Aquatic" tiene igualmente una serie de activos acojonantes: seguramente mi "soundtrack original" favorita en su filmografía hasta hoy reside aquí (y no lo digo por las bonitas covers acústicas de Bowie por parte de Seu Jorge, que ahí quedan también), algunas de las escenas más icónicas en lo visual y algún que otro viraje cómico altamente cachondo también se hallan en este film, si, pero... La historia, aún con todo el embalaje "wesandersiano" a ubicar claramente, se nota menos tensa, natural y fresca, demasiado autoconsciente (debatida en demasia y estructurada en base a un montaje final que, tijera en mano, se sabe espera al final del camino) al comparar con lo ofertado hasta entonces. Aquello del "mola, pero...". Para rubricar dicha sensación, seguirá el que para mi es claramente su referencia menos lograda: "Viaje a Darjeeling"... Que de nuevo, y porque este tipo es muy bueno (básicamente), no es algo que deba tirarse a la basura sin más, ojo. Aquí está la famosa carrerita de Brody y Murray en pos de no perder el tren y con la gloriosa "This time tomorrow" de los Kinks de fondo o, atención, esa especie de travelling frontal de casa de muñecas, ya al final, con el devenir de todas las almas que alimentaron la historia y su suerte al final del relato. ¿El problema?. Pues todo lo que queda en medio. Grandes panorámicas, grandes conversaciones, grandes "lo que sea", pero al fin, a mi todo esto me importa tres mierdas, oiga... Nada, que no conecto (¿seguro qué no es de la hija de Francis este engrudo?, tiene todos los rasgos). Ni tan siquiera la impagable Huston, casi al cierre, puede rescatar algo tan irremediablemente destensado e insufriblemente naif (de verdad que, por numerosos momentos, a mi esto se me asemeja a unos pijos angelinos de "chupi-exóticas-que-te- supermueres" vacaciones cámara en mano que, en absoluto, el viaje de redención zen que parece se nos quiere vender). Y a pesar del par de virguerías apuntadas, en esta (única, hasta hoy al menos) ocasión a lo de "esteta con contenido" se le puede cambiar la preposición del medio con sangrante asertividad. Eso si, aplausos en las gradas, Wes es mucho Wes y le dará la vuelta a ello, a lo grande y como ya se apuntaba más arriba... 

(Divertidísima "masterpiece" para consolidarse del todo... y a esperar la next one con fruición, of course)

Lo siento si me paso de listo al parecer de alguien, -perdón incluso-, pero ese lustro (inédito hasta entonces) que se toma para su siguiente film "normal" (o "no animado", en propiedad) nuestro protagonista de hoy delata, ya del todo, ese darse cuenta de que "no vamos bien" (por la vía ésta del Darjeeling, sobreentiéndase ello)... Había que tomar medidas. Y se tomaron. En medio de una y otra, a finales de la pasada década, el muy granuja se refugia (muy inesperadamente, además) en la animación stop-motion de su cachondísimo "Fantastic Mr. Fox" y, -alehop-, de repente "vuelve a molar", y en la buena acepción de ello (cómo no hacerlo con un zorro-títere que galopa por el campo al son de los mismísimos Stones...nos jodió). Ahí teníamos de nuevo al Wes irreverente y gamberro, nos despedimos del "exclusivamente -o casi- contemplativo" y, en síntesis: nos volvemos a divertir (pues, nadie se engañe, Anderson es ante todo un "director de comedias"). Tras ese "giro hacia la luz", nos llegaba al  fin (ya en 2012) "Moonrise Kingdom", donde volviendo a sus orígenes (infantes mediante) logra al fin sacar a pasear toda su cacharrería habitual por unos planos/secuencias exteriores (obviamente, para cualquiera que conozca el film, encontrables mayormente en la primera mitad de metraje) que son, AQUÍ SÍ (por aquello de estar engastados a un sentido argumental y ser consecuentes a partir de ahí), para aplaudir hasta la autolesión... Puede que, en efecto, estemos parcialmente al menos (que repito lo de "desde la primera mitad del film") ante lo más logrado hasta hoy por este cineasta a niveles estrictamente visuales. Tan arriba llega en esto  que no será hasta revisualizaciones posteriores donde, finalmente,  aprenderemos a apreciar una segunda mitad (y resolución de la historia) que de malo no tiene un ápice y que, en verdad, oferta un logrado contraste, con ese -intencionado- ritmo desbocado y desfilar de roles sin pausa, al comparar latencias narrativas con lo que precede... Así y de nuevo, el cabrito nos alcanzaba su más plausible rasgo distintivo al recuperar, lógico, sus mejores formas:  "llegar a lo grande en emoción/satisfacción desde lo pequeño de lo cotidiano/doméstico". Bravo, si... Pero es que, y esto es lo mejor, para su siguiente película (y todavía última hasta fecha presente) el bandarra se superará ya a lo burro y del todo... Así de cara y desde ya: "El gran hotel Budapest" es una maravilla de principio a fin. Sin mácula ni decaer existente, desde su misma presentación. Divertida, nostálgica (en ese sentido entre lo patético y entrañable que tanto le/nos gusta), muy bonita sin más (aunque con algún lance de mala leche que ahí queda) y con un plantel de personajes tan variopinto como impagable (de nuevo esa tan certera "coralidad" de los Tenenbaums, y aunque aquí los protagonistas son más que evidentes)... Todo "lo mejor de Wes Anderson", al fin,  centrifuga y funciona en este film como debe y se espera. Y ahí estamos, ya para terminar, con las expectativas por las nubes y esperando para ayer la siguiente andanada... Para la que, por cierto, parece ser volverá a la animación... Pues bien por él, oiga, que haga lo que quiera. Ya no tiene que demostrar que es bueno (ya no necesita viajes a ninguna parte), ahora lo sabe y -la cague o no- se intuye fácil que, venga lo que venga, será ya genuinamente "wesandersiano". 

lunes, 30 de enero de 2017

#14. ABOUT... STEVEN SPIELBERG

Cuando no hace demasiado se me ocurrió escribir en cierta red social, así a pelo y sin paracaídas, un listado con mis cincuenta realizadores favoritos de siempre en esto del cine (y por órden de preferencia además), tuve que hacerle un hueco (aún a pesar de preferir todavía algunas otras opciones de tantas habidas) a nuestro protagonista de hoy. El 48 si mal no recuerdo. Y el motivo es claro: en el cine de aventuras, y admitiendo ese subgénero como tal, el tipo me parece el mejor sin paliativos ni jerigonza se cruce. Tal cual. 

(el Midas del celuloide, el fucking master palomitero, indicando por donde se pasa a los críticos e historiadores del medio)

Eso por un lado... Por otro, la cosa cambia dramáticamente (siempre en las cuentas propias), me temo y cuando nos salimos de ese "cine de aventuras". Ahí, mi opinión sobre los logros y "arte" del Sr. Spielberg decae no mucho, meramente, sino del todo. Utilizaré al respective la habitualmente interesante opinión, excepto en esto muy puntual -aunque recurrentemente por él recordada... demasiado en verdad- para mi, del cineasta Rodrigo Cortés desde ese bendito y entretenido programa/podcast de Los Todopoderosos. No hay maldita edición de dicho espacio, o casi, donde dicho artista se recrea (ni que sea un algo) en ensalzar -de forma desproporcionadamente hiperbólica- las virtudes del cine, así en general, del Tito Esteban... Moneda corriente son andanadas como "visualmente inalcanzable en toda la historia del cine", y/o variantes por docenas de ello y a disponer... Error y garrafal. Dejando de lado que es cagarse en la historia del medio, así de gratis y porqué si, Spielberg me resulta (siempre fuera de "lo suyo", que lo recordaré siempre para que nadie se me enfade) un realizador absolutamente plano y falto de interés... entre otras "lindeces" que a continuación paso a relatarles.

(Nos vamos a forrar con esta mierda, barbaaas !)

Ya hace mucho tiempo que, llegada la hora de enfrentar una narración audiovisual cualesquiera, tengo una inercia natural a respetar y admirar especialmente a esos "artistas/ entes creativos" cuya actitud hacia su propia obra y para con el espectador es la de: "mira, yo te explico lo mio y si después te emocionas o te llega, o lo que sea, eso ya lo decides tú"... Los elementos estetas, en lo visual en el aspecto, son pluses. Y pluses sublimes a veces, pero no indispensables en las últimas (Sidney Lumet hizo un prodigio en su primer film con doce tíos encerrados en una habitación, vaya por ejemplo fugaz). Si tanta importancia le diera a ello, para sintetizar, sería un irredento seguidor de Tim Burton... Y pocas cosas más alejadas de ello, ciertamente. El cine de Spielberg más allá de esconderse en las maravillas de Williams (etc), y más allá de Indy, Tiburón o cosas más ligeras como esa "Atrápame si puedes" donde si se le nota cómodo y natural... o incluso su recreación animada de "Tintín" (que está bien divertida), se me antoja falso, artificial y despersonalizado por completo (tampoco ayuda que aún dentro de ese "lo suyo" tenga films altamente cacareados pero que al menda le parezcan inexcusablemente sobrevalorados  -"Encuentros..." o "Parque jurásico""- o, directamente, insoportables -"ET" o "Hook"-). Cuando veo cine del "Spielberg dramático", siento que me están tomando por imbécil (y lo seré, seguramente, pero no me gusta que se me recochineen al respective y porque si)... Es como si me llevarán de la manita. Como a un niño de teta o poco menos. Solo falta que en cada escena ponga entre paréntesis on screen: "ahora toca llorar", "ahora toca reir", "ahora preocúpate"... Me da igual las presuntas complicaciones técnicas de las set pieces, y ejerciendo de abogado del diablo aquí, que realice... Siento que me están idiotizando y, honestamente, ya me considero bien servido en ello (muchas gracias)... Aquí (con la incapacidad de este realizador para generar emoción real que no impostada/artificial), además, podría hacer taaanta sangre... Ejemplo rápido para que no se me abra la úlcera: esa intro videojuego (borbotónica, desestructurada y sin medidas -puro clip musical-) que para mi es el inicio de su celebrada Ryan, en contrapunto (buscando referencias similares en tiempos y temáticas) al temple y oficio de Mallick en su delgada línea, o ese Brody caminando entre lágrimas y ruinas en la gloriosa parte muda que Polanski se marcara para su pianista, duele, chirría como todos los cuchillos del teletienda nunca habidos atacando una pizarra...  Directamente y sin más.

 

El epítome de todo ello (de "tanta bilis", argüiría aquí un incondicional del barbudo Midas de Hollywood), el asco máximo, lo encontramos en esta celebérrima escena de la ducha de Schindler... Más que posiblemente uno de los momentos más entera y absolutamente detestables de la historia del cine, para mi. ¿Se puede ser más efectista, artificial y barato?, por el amor de todo lo sagrado y lo que no. ¿Hasta aquí, en esto, de verdad Steve?... Y después lo de las piedrecitas para terminar (tócate lo tuyo !)... Pooobres mujeres judías que las van a gasear, todas desnudas y llorando, ay que desazón me invade, pero...Ah (o "uf", si prefieren), menos mal, que al final es agua (jacaranadas y alborozo: suspiremos todos con gozo y alegría)... Me-nu-da mierda, Sr. Spielberg... Claro, esa manera de entender el cine, legitima de alguna manera a hijos suyos como Shyamalan, Nolan o Boyle para, con todo su "brocha gordismo", garrafero e indisimulable por montera, ser referencias en el cine actual... Hay que vender cine, que hacerlo es muy complicado (por lo del talento necesario y eso), diáfano ello. En fin le repito, Sr. Cortés, lo que le puse de comentario a colación del especial Lynch (donde das una exhibición de conocimiento y devoción por el cine impagable -y a pesar de dejarte "A straight story" por mencionar... que ya es tenerlos cuadraos-): cuando te quejas que el éxito en taquilla de rarezas/peliculazos como "Corazón salvaje" son hoy impensables por -parafraseándote- "lo mucho que hemos aborregado al público entre todos", no entiendo -por contra- como puedes tener tan sobrevalorado a Spielberg, fuera del medio del que nunca, jamás y por dios, debiera salir... Quejarse de los incendios y ser fan del que inventó el mechero (no por las referencias concretas sino por la manera de entender/usar el medio que apenas  arte, al humilde considerar personal, en sus manos), me reitero en esto también.

(ese momento patriótico en que da igual si matan a dios y la madre porque hay que verlo todo desde la perspectiva del protagonista -un niño como casi siempre además, claro- y hay que generar la emoción "X" y punto)

En resumen, siempre han habido adeptos al "gafapastismo" (los que hoy seguirían las "maravillas" estetas sin contenido de los Solondz o Sofias de turno), lo mismo  que el público que, sin más, se mete en un multisalas para comer palomitas y "echar la tarde" (meramente pero, ojo, que en su derecho están... otras cosa es que llamen "cine" a "Fast and the furious 6" o "Torrente 4", pero eso ya es otro tema, si). Pero, con el pasar de años y décadas, algunas formas (o subespecies, si prefieren) de espectadores se han ido aupando hasta el constar de facto... De entre ellos, los que más ruido vienen metiendo de unos lustros para acá son los llamados "freakies". Que, sin duda y aunque hoy pareciera que es "freakie" hasta el gato la portera, están bien y (sin duda, igualmente) muchos sino todos "ejercemos de" con determinadas cosas. En concreto, a distintos niveles y para esto del cine, los hay de Batman (o los superhéroes en general), de Star Wars, de memorabilia ochentera, del niño mago los huevos, los anillos y lo que se quiera... Hasta los hay "hard-coreros" de las B-movies (posiblemente con la jeta de Tarantino tatuada en la nalga), el gore más nauseabundo o las series manga (inabarcable etc.). Y como tantas cosas, insisto, está bien (sin condescendencia alguna medie) pero, como tantas otras... hasta que la cosa se sale de madre. Sintetizando: no solo de caviar y jamón de veinte jotas se vive, a veces unos ganchitos también apetecen... Y el "cine freakie" (del que Spielberg es santo y patrón, tanto como realizador como figurando en producciones varias) mola, entretiene... Pero, por mucho que hoy en día se haga -sin vergüenza medie- proselitismo hasta de los mejores capítulos de "La Patrulla Canina" (por ejemplo), no deja de ser eso: "ganchitos". Y aún por mucho pueda molar lo que sea a quien sea. Por tooodo ello, ya a modo carpetazo final, todo mamífero que apunte en la dirección que Spielberg merece siquiera sentarse en la mesa de los Lang, Ozu, Welles, Hitchcock, Wilder, Ford, Kurosawa o Bergman (y muy considerable etcétera), al paredón no, ok, pero una semanita a trabajos forzados yo lo ponía sin demasiado problema, la verdad... Y punto.

lunes, 23 de enero de 2017

#13. ABOUT... LED ZEPPELIN

Para este primer texto 100% original en el nuevo espacio (que hasta ahora todo son "recauchutadas" desde el blog original), decido ir sobre seguro con algo que, de tan definitivo, nos sobrevolará a todos hasta el fin de los días y tal cual. Esto és (o nos resulta a un ingente incontable cuanto menos):  los Led Zeppelin de marras. 


Zep, los Led, los Zeppos, Zeppelin o como quiera dios tenga a bien reconocerlos quien toque son, ya de entrada, un fenómeno a la par con cualesquiera de los íconos más granados y recurrentes jamas surgidos desde la jerigonza ésta del rocanrol y sus incontables derivados. Tratamos aquí a la banda que más discos ha vendido (todavía hoy, en 2017 y como es harto sabido) en la historia del medio solo por detrás de los cuatro de Liverpool. Tratamos a un cuarteto que barrió con toda competencia posible a su paso en la bisagra 60's-70's, todavía (y de pleno) en esos dos o tres lustros donde se concentró casi la totalidad de lo mejor y más necesario que la gran mayoría de amantes rockeros de pro siguen contando. Tratamos también a algo que en su momento se pasó por la piedra (y por mucho que los "a posteriori", desde una perspectiva presente, puedan proyectar dudas) a los grandes nombres del prog-rock, el glam, el folk rock, el blues rock, los remanentes aún en activo de la british invasion y lo que quiera dios se pueda o pretenda recordar.... Y sin sacar singles. Tratamos demasiadas cosas aquí pues, claro está, tratamos igualmente y en definitiva a la banda del exceso por bandera. Y ahí que aparco ya los tópicos más concurridos (que esto se podría estirar hasta el desmayo), dando por obviados otros muchos lances de su biografía... Innecesario del todo ello, está claro, en estos internáuticos tiempos donde cualquier mendrugo teenager (o no) puede descargarse su discografía en menos de veinte minutos, comprarse cien libros a costa de su histórica singladura en Amazon y hasta -ya puestos- atreverse con los primeros acordes de "Stairway to heaven", antes siquiera incluso de terminar de leer este texto (etc).


A partir de todo lo vertido, llega lo más divertido (para mi): apretarles el bozal a todos sus "haters", más o menos encubiertos y para que rabien y arruguen narices con la mayor enjundia posible. Que los hay de haters, ojo,  y la de "diosescristo" además, desde el momento en que para "los fieles" cualquier persona que trate siquiera de relativizar la importancia  y necesidad de su impronta en la historia ejerce en la últimas -y sea conscientemente o no- como tal. Vamos por puntos, ni que sea por temas estético-estructurales: 

a) "Casi todas sus canciones son plagios"... Primero que de "casi todas" nada; segundo que han superado con la boina a todas la originales -presuntas o no- cuando han "tomado prestado"; tercero lo del "the singer not the song" que decían sus satánicas; cuarto que si nos ponemos en este plan de niño repelente-tiralevitas nos cargamos, ya directamente, hasta el "Tambourine man" con el que se estrenaron los Byrds (una de las cinco o diez -nunca menos- mejores bandurrias ever);  quinto que la envidia/rabia es muy mala y por mucho que os amarréis algunos ciegamente al "ninguneo zeppero" por sistema, y tirando del socorrido ardid de este punto, vuestra banda favorita será inefablemente inferior (a no ser que seáis "bitelmaníacos", obviamente). 


b) "Page era el peor de los tres guitarristas de los Yardbirds"... Primero, segundo, tercero y hasta décimo si quieren:  y unos cojones ! La comparación posible con los blueseos de Clapton solo existe en la cabeza de los fans del propio  Clapton (y, atención, insisto:  meramente "la comparación posible") y Beck... Bueno, este me parece otra cosa (más versátil e infinitamente menos planote en registros que Mr. Cream), pero aún y así, el arrojo de atreverse con todo (y salir airoso de eso mismo) de Jimmy no lo acabo de encontrar plenamente, siquiera admitiendo -que es de cajones- lo tan necesario y edificante en bondades de tamaño monstruo de la seis cuerdas.


c) "Plant tenía voz de pito (-o similar-)"...  A ver, que esto es de primaria en esto del rocanrol... Para acceder al grado de grandilocuencia total de esa música, con todos sus palos a encaber (y que llegó a lugares a los que se llegaba por vez primera entonces, no se olvide), se  tiene que ir perentoriamente "más allá"  a todos los niveles... ¿Por qué Zep arrasó sino con todo a su paso en sus años de bonanza?, hagámoslo más fácil: pues porque además de tener una base rítmica solo comparable a la de los Who en la historia y uno de los mejores guitarristas de siempre, tenían un cantante -proveniente del R&B de manual ya puestos- que podía pasar de lo más meloso o arrastrado (según convenga) a una sirena de evacuación por invasión alienígena como quien se quita la pelusa el ombligo. Esto es así. Que no falte nunca quien le "culpabilice" por los agudos característicos de parte del ulterior heavy metal es algo tremendamente injusto y sencillamente anecdótico (afirmar eso, sin rubor alguno -y obviando lo "faltón" que resulta para los incontables  amantes de ese subgénero-, delata por defecto al que no salió jamás de los "greatest hits" de turno, es un hecho). Sin más. 


d) "Los Who/Sabbath/Purple eran mejores"... A ver, así en resumen: "ni en sueños", "¿será una coña, no?" y, finalmente, "tú estás chalao, hombre".  Los del medio (sin negarles su importancia seminal que tanto pesa a algunos seguidores añejo-puristas del medio) sólo si hablamos en clave de cachondeo, directamente; los terceros a pesar de la admiración que tengo desde ni me acuerdo por Blackmore y, especialmente, Lord, nunca tuvieron la pegada y concreción zeppelinera ni de lejos (explicado esto, además, por alguien que tiene "Machine head" entre sus intocables de siempre -que cuidao, que mato- y que compró el totémico doble japonés antes de cumplir la docena de años por allá los mid-80's); y quedan los Who, claro... El mascarón de proa para los "ninguneadores" (oficiales u oficiosos, y a la hora de comparativas varias) de nuestros protagonistas de hoy. Y, ojo, que esto hasta lo puedo entender y todo (son dos de las diez mejores bandas ever, también para mi y en definitiva... me pasa, eso si, que Zep son la segunda y los otros la décima, claro). Hagamos la comparativa de las narices, en cualquier caso... Si tiramos de discografías, Zep se los comen crudos (lo indecible de "más" en mucho menos tiempo); el directo: según los testigos de la época -recogiendo testimonios de aquí, allá y acuyá- en su mejor día los Who eran imbatibles pero, ay, resulta que los Zep siempre -o poco menos- tenían ese "buen día" (y van dos); parcheadores: los nietos de nuestros nietos (y por mucho que algún erudito de pro lance al tapete ahora al Ginger o Bozzio de turno) seguirán debatiendo entre Moon y Bonzo hasta el fin de los tiempos, me temo y, básicamente, porque la historia ha tenido a bien reconocerlos (y ahí que siguen) como los dos mejores baterías del Rock;  bajistas:  esto me jode  un poco, no lo niego... Jones, más allá de lo putámico que era arreándole a lo suyo,  se merece un monumento en cada ciudad donde exista un tocadiscos en la Tierra (el genio arreglista en la sombra... el truco final de Zep) pero, ay, The Ox es mi bajista predilecto desde ni me acuerdo... mi referencia definitiva en ese instrumento (y que me perdonen hasta los fans de Pastorius de ser menester, pero es lo que hay) y digo más, si "el Leeds" es uno de mis cinco discos-live de siempre es, casi en exclusiva, por el placer que me sobreviene escuchándolo a él (muy por encima de cualquier virguería, y con la barbaridad que ello pueda acarrear a quien sea, que los otros tres puedan estar realizando cuando sea)... John Entwistle és -y será-  el puto Sam Cooke de las cuatro chords para el menda y no se hable más; dando carpetazo rápido al hecho de que, por mucho chorreo de voz medie, Plant (de nuevo por variedad y posibilidades a materializar desde ahí) es bastante más cantante que Daltrey (y bastante más regular y fiable en los "lives", por lo visto), solo queda ya el "vs" de los jefes (les regalo lo de las ventas de discos y la superioridad manifiesta en el acervo popular/global, por ser uno así de majo, miren)... Townshend, no me escondo, es un tipo que se me mueve de siempre entre lo antipático y lo insufriblemente resabido, por mucho genio sea (lo de darle en los morros a Lydon tiene su guasa eso si, ok). También hay que entenderle, ojo... Con los fab-4 ya disgregados (como los Small Faces), los Stones exiliados por problemas con el fisco o los Kinks más preocupados de expandir fronteras en su discurso que de recrearse en hits poperos, era el momento de acometer "la invasión del trono" (como mínimo británico), que pensaría Pete... Y no. Como todo cristo, The Who fue atropellado sin remisión por el omnibús zeppelinero (rematando el tema con que el año que debió ser suyo de todas ídem -1972 y girando al sacrosanto "Who's next" del año anterior mediante-, y en el que "los otros" no sacaron disco al fin, van "los exiliados" y se marcan el doble por antonomasia en el medio que nos ocupa y, por si acaso y mismamente, un chavalín con mirada bicolor, y que ya la venía liando parda, lanza no se qué verbena con unas arañas marcianas y demás...). Un tipo, cuyos remotos virajes a la pura genialidad (repito por si acaso) me quedan más allá de toda duda, pero al que se le puede recordar ninguneando a su propio cantante (sin problema o pesar medie, además), o hablando con intencionadísima condescendencia de los putos Zep a poco se pueda, se retrata solo en definitiva ("me caían bien pero no me gustaban", que sería la cosa para resumir -me temo se mezcla la ambición desmedida y truncada con un rencor palpable, en esto... quizá nunca le perdonó a Page que le hiciera el solo, como dios manda, para la edición en disco de "I can't explain", quizá y a saber todo ello, si-). Vaya, que ya puede haber roto todas la guitarras que quiera o hacer los saltos del canguro más famosos de siempre que la gana le dé... a rueda de Jimmy (cuya banda -o esa impresión nos deja el cuento, al menos- estuvo más por tocar y sudársela todo lo demás que otra cosa) por siempre jamás. Y punto.


e) "No sacaron singles pero vivieron -y viven- del cuento de sus hits plurirradiados"... Pues miren uds: creo que no existe ninguna banda que haya hecho cosas tan distintas y tan bien siempre. Aunque han habido bandazas (me vienen de primeras Queen o Faith no More, ahora mismo) que han jugado esa carta del exceso desde lo "multidisciplinar", de lo heterogéneo por montera, al final siempre está ese enorme tabique, tangible, en que son esas bandas haciendo un trasunto de género parcial (dejando pesar inefablemente más, y sea de forma consciente o no, el "que se note que son ellos" antes que el empaparse de pleno y de veras en el género abordado que toque)... Zep, guste o no de ver, tiene "temas clásicos" del más alto nivel en el folk, el prog, el hard-rock, el r&b (etc) que son temas clásicos "puros" de esos géneros tanto como del opus propio. Los ejemplos son tan ingentes que ni me arranco con ello. Todo ello desde la mayor subjetividad habida, está claro, y (por ello) desde una premisa que deja lo gratuito tan atrás que da, o puede dar, risión el tema... Lo que se quiera y más. Pero eso me transmite de siempre la música y legado, sin par más allá de "los de Liverpool", de Led Zeppelin. Cuyo parangón y ascendencia a lo que debe ser (o puede llegar a ser en su mejor y más "putámica" forma) una banda de Rock, sigue siendo el modelo, la hoja de ruta por definición a la que muchos nos evocamos inefablemente, aún tantos lustros y décadas después.


Y ya estaría la cosa, al menos por hoy, que no descarto una "parte II" con este personal de por medio. Tal es la admiración propia por esta formación que nos dejó un mundo entero, encerrado hasta el fin de todo, en apenas una década de singladura, así como una serie de discos en los que perderse, sin cuidado ni pacatería alguna se cruce, me sigue resultando una de las grandes cosas de la vida ésta. 

jueves, 19 de enero de 2017

#12. ABOUT... THE WIRE

Uno de los axiomas más vehementes (y pocos no habría) de la casa sería: "Twin Peaks es lo mejor que ha ofrecido la televisión, como producto 100% televisivo -entiéndase-, y punto leños"... O similar, claro. Además suelo añadir algo en la linea "de la mano con el Flying Circus pero eso ya es otra historia..." para, posterior y finalmente, quedarme tan ancho o más (a veces levanto la mano extendida y hago un barrido a la sala añadiendo "va por ustedes"... hasta que descubro que estoy solo en dicha sala y entonces me siento un muy gilipollas, si... pero eso, adivinaron, también es otra historia). 


Por otro lado resulta innegable que en los últimos dos-tres lustros vivimos en una ya más que evidente "edad dorada de las series"... Lo que, obviamente, ha acabado por saturar el mercado y, cada vez más, uno se ve obligado a dejarse cornás para encontrar lo que realmente gusta e interesa (cuestión de gustos, como siempre, que las flores y la mierda se enfocan o no en función de quien observa -aunque, me acelero a convenir, hay puntos de encuentro demasiado sonados como para ser tomados a la ligera-). Dos denominaciones de tres siglas que destaco yo de forma perentoria: HBO (por sus ingentes virguerías) y BBC (por interesante número de miniseries ya a considerar muy seriamente de un tiempo a esta parte)... ¿Recomendaciones muy expresas de la casa de lo uno y lo otro?... "Los Soprano" (soy la releche de original, si) y "The shadow line"... Pero, ay, hoy toca rendirse a otro tipo de evidencia: "The wire". La única y obligatoria obra maestra que me cierra el hat-trick de series ever, empatando con la gente del Bada Bing y solo por detrás de las, ya legendarias, pesquisas de Coops y Truman.


¿Y por que "The Wire"?, ¿qué tiene de especial más allá de ser tan devastadoramente putámica?... Pues miren, y partiendo siempre de consideraciones propias, creo que al fin encontré el culmen de porque esto resulta tan especial y admirado por un ingente de fieles alrededor del planeta... Nunca, NUNCA, ví un caso de serie aupada a estos niveles directamente por el espectador, por el boca a boca y donde tanta gente claudicara a la vez... "The Wire" fue descubierta por muchos cuando ya iba por la mitad sino después en el mejor de los casos (fue el archienemigo Nikochan en mi caso, no podía ser otro claro, el que me habló de esto por vez primera y  a quien debo gratitud por ello hasta el minuto final)... Que mucha gente, la mayoría me atrevo a afirmar, se hizo "fans" cuando el asunto estaba finado hacía ya la tira. Y es que este serial, aunque "obra" sería aquí más justo y en efecto, es algo de la que gente, y gente muy distinta, me ha hablado/recomendado durante su emisión, al terminar -o "a punto de"-, o también (y se insiste) cuando ya llevaba varios años rubricada. Me rebozo sobre lo mismo: si analizo un algo el fenómeno "The Wire" me doy cuenta que es algo sin casi promoción al compararse con algunas series de "sus años", maltratada por defecto por la televisión (más allá de los sibaritas abonados al canal de pago yanqui al que pertenece) y que, por contra, ha generado un cultura propia y ubicable de primeras, y que no hace sino crecer con el tiempo, a base de un único y poderoso concepto: talento. Puro  y duro. La serie de David Simon tiene un carrusel de personajes carismáticos e inolvidables, algunas situaciones (y de todo tipo) que para mi son ya historia del medio audiovisual (y ruego se repare en la elección de palabro), una duración perfecta donde nada es ni parece añadido (más larga era una estupidez con esa gloriosa despedida y más corta quizá, -solo quizá pero quizá al fin-, no hubiera resultado a la postre algo tan tremendamente épico) y, para no alargar más, el mejor final que se puede ver avezado a algo susceptible de llamarse "serie". Tal cual se lo digo.  No taladro más y recuerdo que esta "sección" no va de otra cosa que el plasmar una idea general propia de quien suscribe sobre lo que quiera diox me dé por tratar... Y es por ello que no entro aquí en los detalles mil que, para la ocasión, me convierten la visualización de "The Wire" en algo absolutamente insaltable a nivel televisivo, audiovisual, universal o lo que de la puta gana... Obra maestra, así en general, para resumir del todo y ya sin más.

#11. ABOUT... ELVIS COSTELLO

Pues mire usté, toca hoy el "about" de mi músico de "isla desierta". Desde ni me acuerdo y tal cual de burra y flagrante es la cosa. Desde ahí, le puedo poner todo el azúcar y sal que quiera, darle vueltas y meneos al tema un par de ciclos lunares o, por qué no, liarme a repartir asteriscos (a posteriori) en el texto con puñetillas mil, etc... Pero, caray, al final volveré siempre una y otra vez a la primera frase. Esto es así y ni se quiere ni se puede evitar. ¿Y por qué Costello?. A veces, muy de vez en cuando, trato de sintetizar la razón, el motivo de tan tajante e imbatible devoción. Y más con un músico éste que, para más narices, puede alejarse tanto y tantísimo a veces de mi inercia natural en las querencias personales . Ejemplo: mi banda predilecta por goleada irremontable en el último trío de décadas son Dinosaur Jr (nuevo disco en agosto y espero se lo agencie todo dios que su felicidad rockera está en juego) y, ni qué decir, MacManus tiene poco tirando a nada que ver con ello...  o a no ser que practiquemos un enfermizamente asertivo ejercicio de curvas hasta que se encuentren de forma inesperada y bajo el inconmesurable contexto/crisol de la historia rocanrolera toda ella (que, y como casi siempre, seguro aparece el cabrón de Dylan haciendo de, insospechado a priori, gancho del todo en algún momento... Dylan-Byrds-Lowe-Costello y/o Dylan-Young-Hüsker Dü-Dinosaur Jr... y ahí lo tienen más o menos).


También es verdad que, y también a veces, me invade la mosca cojonera del pensar algo en la dirección de: "y no será que me he acomodado en mis gustos con los años y como éste tío tiene un bagaje y variedad de palos que -básicamente- mola la de dios, amén de tener el consenso casi total de la parroquia rockera-añeja más exigente, pues mira, en resumen y por pura vanidad y tal... ya me está bien quedarme con el gafotas de marras como super-mega ídolo total del tinglao este de las guitarritas"... Bueno, -para no alargar más de lo que todo apunta se alargará esto-, eso se me acaba al escucharle ni que sea coger aire al puñetero y, por ende, lo descarto desde ya. 


Por supuesto, lo lógico de reconocer que ni es el mejor ni el más importante. Uno de los grandes si, y ya desde hace un tiempo que está más que claro (al contemplar su obra, a día presente, me resulta indebatible que ha vapuleado sin compasión a todos sus compañeros de promoción uno/s tras otro/s a excepción de Waits -que es "el otro" que puede sentarse en la mesa de los más grandes siendo más o menos posterior a ellos en cronologías, sin duda, aunque puestos a limar del todo y en propiedad empezó unos pocos de años antes-). Para mi a la mejor voz que existirá jamás en el rock, el soul, la polka o la ciberchatunga la mataron a tiros en un hotelucho de mala muerte por allá el 64 (la capacidad de transmitir emociones de "su souledad" Cooke és y será inalcanzable por nadie para mi y fin -mi Elvis Presley, vaya-); no puedo encontrar a nadie que me haya hecho tanta compañía en las escuchas domésticas como Reed y esto también es tal cual; desde ya hace algunos años tengo en el sinpar señor Randy Newman a mi superhéroe definitivo en lo que a songwritters pertoca... y no acabaríamos: la clase de historia en sesión continua de Zimmerman que todo hace y todo lo puede, la emoción electrificada hasta el puro llanto de Neil,  la adictiva y tan preciosa tristeza de los Drake o Elliott (si si, a ese nivel lo tengo), los mejores fuegos artificiales nunca vistos en este rincón de la realidad conocida por parte del aún llorándose Bowie, los veintisiete arpegios por verso en la voz que te casca Joni,  o el sentimiento que el gran Otis podía hacer aflorar desde cualquier composición, faltaría pluses... lo dicho, que no acabaríamos, porque la lista de los que servidor considera "los grandes" es demasiado complicado de acabar de perfilar plenamente y a colación, fijarse, tan siquiera he mentado a banda alguna (con los que firman solateras ya me ha sobrado para el desfile de tótems)... Y, volvamos ahora, ¿por qué -entonces- Costello?. La explicación que hoy por hoy más me convence y agrada en siguientes párrafos.

En lo formal, Costello tiene un registro de esos más o menos rasgados y/o canallas que me llevan siempre de huertos (Mike Scott y Westerberg son dos de mis cantantes favoritos como rápidos ejemplos recurrentes) teniendo además la capacidad -el muy cabrón- de desdoblarlo en algo que de tan dulce salpica mermeladas (Brian Wilson y Macca son dos de mis...). Pero yendo más allá de eso, -su impagable pericia como cantante e intérprete lo vamos a dejar en la carpeta de "obvios" en esta ocasión-, se me ocurre una razón que, al final, es la última de todas: Costello me parece el cantante más clara y netamente "humano" que existe. Y de ahí, o eso creo, mi debilidad tan sentía... Detesto, odio incluso a veces con toda la mezquindad que integra, a los "udoses", "bon chonis" y "colplais" de este mundo... Músicos que considero como algo simple y llanamente falsarios y -sobretodo- "expositivos" sin más (con su emoción tan grotescamente fingida y con su armazón de mentira... espoleados siempre por la ambición sin límite por ser lo más de lo más y punto -Bono se toca seguro cuando se ve en sus karaokes en directo, si, esos donde como un 75% de lo que se oye no lo hace la banda en ese "directo" por el que se ha pagado una buena lana, el pedazo mierdas-). Y luego esta lo de "las poses", claro... Gentes, sobretodo en el último cuarto siglo con el desborde ya total en los medios  audiovisuales, que se han hecho nombre, y hasta casi leyenda, gracias a los media de tendencias y abrazando "sonidos" y/o "aspectos" pero de los que todavía se esperan -básicamente-  "canciones" y -especialmente- "discos". A Costello lo segundo le pilló ya demasiado curtido y, directamente, resulta justo lo contrario a lo primero...  Costello es el cantante de la rabia, los celos, la ira, el reproche, lo enfermizo y, a la postre, de esa "humanidad" que antes mencionaba. Con los años el cinismo y la ironía fue sustituyendo a sus más beligerantes hermanas pequeñas de los inicios (su primera casi inalcanzable primera década de singladura) y hasta se permite ya de un buen tiempo a esta parte algunas cándidas merendolas silvestres, ensoñaciones y nostalgias varias o caprichos donde, sin más, pueda desplegar sus incontables inquietudes (del country a la clásica de un disco para otro y con la risa). Pero, atención malechores, la bilis está siempre y siempre lo va a estar... de base y presta a saltar desde la maleza  aún cuando menos se espere (antes era un hachazo en pleno occipucio y hoy una frase recargada de doble sentido punzante -toda una especialidad de la que ha hecho arte- sin más, pero que ahí está igualmente). No recuerdo bien donde lo leí pero, desde luego, lo de "el frasco de veneno envuelto en guante de terciopelo" me resulta siempre una de las mejores formas de plasmar el acervo y legado costellero. 


Y a vueltas con lo mismo para despedir ya el asunto (que, en verdad, de este músico creo podría hacer un texto sin cerrarse jamás, en expansión continua, y sin demasiados problemas)... Donde todos los demás -o casi, volvamos a "los grandes" de ser menester- quieren ser el niño bonito, el mírame que soy una star, Elvis Costello ha tejido y acabando por configurar un descomunal monumento de honestidad, certera y desgarrada a la par, sin parangón en el medio que practica. Todo el mundo quiere, queremos, encajar en el tablero. En lo establecido y, básicamente, en lo aceptado. Medrar en base a las reglas que nos son impuestas ya de salida. Este hombre, por sus partes, le ha dado una coz burrera y sin miramientos a dicho tablero... Sin sentarse a  empezar a jugar siquiera y ya desde la tan lejana primera nota de "Welcome to the working week". En adelante y para siempre. Ha abrazado nuestras bajezas e imperfecciones en la sabiduría que son ello, precisamente, lo que al fin nos hace únicos y diferenciables para bien/mal. Esa ha sido su baza. Y con ella, amén de la "minucia" de un conocimiento y arte irrepetible, ha ganado la partida... No hay, al fin, bastantes estrellas en el cielo ni bastantes pulgares para arriba en "las redes" para valorar plenamente y como es debido (y siempre para mi, al menos) a este maestro MacManus que ya no es solo que pueda sentarse en la mesa de "los grandes" sino que, lo mismo e igual, resulta que algunos de esos "grandes" ya no pueden sentarse en la suya...  Único. Genio. Fin.